Mira aquel árbol seco, es
el mas alto de todos, y aquellas aves que vienen a conversar en él; mira todas
esas nubes que se forman para caer y yo aquí, sin siquiera poder estar de pie…
El día despertó y ni
siquiera lo note, había dormido hasta muy tarde anoche, o mas bien, hasta muy
temprano, pero que mas daba si hablaba con el, después de todo ya casi van dos
años que no nos vemos. Ya daban las 11, así que tome mi teléfono y me dirigí a
la cocina ya desierta, al parecer mi hermana se estaba bañando ya que se escuchaban
unas cuantas desafinadas melodías provenientes del baño; decidí hacerme un licuado
e irlo a tomar al cuarto. Estaba tan emocionada que casi olvido que no estaba
sola, solo pensaba en que no sabia que ropa debía usar, era mi primera cita,
una de verdad y sabia que aun faltaba toda una tarde pero quería estar lista.
Mi cuarto era un desorden,
pero no importaba, yo seguía sacando más ropa del armario, tratando de elegir
la prenda adecuada, quería impresionarlo, porque sabía que él me impresionaría a
mí.
Ni siquiera miraba afuera,
aunque estaba lloviendo y con lo que me gustaba ver llover, e incluso que las
ricas gotas frías se deslicen en mi piel… el pensamiento me inundo un segundo y
luego… ¿Cómo llego ese sostén a la computadora? -¡PERFECTO!- encontré el
vestido adecuado para la noche, era rojo escarlata y hacia lucir muy bien mi
cuerpo, nunca antes lo había usado, y es por que no soy de las chicas que
suelen arreglarse y usar vestidos, o salir a fiestas cada vez que se pueda,
pero bueno él me había conocido así, “Mugrosa y desalineada mujer, eres la más
hermosa que halla conocido jamás”… eso fue lo que dijo cuando me conoció, jeje,
estaba llena de lodo y toda empapada por haberme caído en aquel charco, en
aquella lluvia, pero admito que fue lo mejor que me pudo haber pasado, porque
de no haber sido así, pues entonces no hubiese llegado él para ayudarme, así
que, si, creo que fue amor a primera vista, ¡y que amor!, él era alto, fuerte y
con aquel corte tan sexy, pero aun así hubo algo en especial que no pude dejar
de notar y que en aquel entonces me hiciera dudar de querer salir con él, era
aquella ropa que usaba, tan conocida, tan dolorosa, porque todos sabían que una
vez que se alejaban quizás nunca iban a volver, era aquel uniforme suyo el que
me hacia crear remolinos en mi cabeza, garganta y estomago, ya que él era un
soldado y en esos días la guerra había destruido más hogares que todas las
mujerzuelas de la ciudad… pero bueno después de aquel café y casi dos años de
llamadas y cartas mi preocupación aun que seguía allí, ya no era tal como
cuando nos despedimos, ahora mi preocupación o mas bien emoción era por
sorprenderlo esta noche.
Habían pasado casi cuatro horas
ya desde que termine de arreglar la habitación, mi hermana ya hacia rato que se
había marchado así que quede sola, con el suficiente tiempo como para terminar
el libro que leía, salir a caminar al parque, ver mi programa favorito y llamar
a mi madre, ¡Vaya! ¡Que problema! Apenas darían las cinco y sentía que habían pasado
siglos, pero bueno, estaba ansiosa y la relatividad de Albert no haría la excepción
con migo. Espere a que mis pies se enfriaran un poco, camine descalza hasta el
baño (otra de las cosas que me encantaban, estar descalza); mi hermana había
dejado todo mojado, así que tuve que trapear y aun no se secaba, y como no quería
que nada saliera mal me quite la ropa lentamente, abrí las llaves de la tina y deje
que se llenara un poco, entonces entre y lave bien cada parte de mi cuerpo, no quería
dejar ninguna mancha y quería oler lo mejor posible, así que tarde en ese baño
bastante, pero lo disfrute porque sabia que aquella noche sería grandiosa, una
vez limpia me seque y me mire en el gran espejo que hay en el baño, podía verme
entera y ninguna vez antes me había visto así, me di cuenta de cuanto había crecido
y de que ya no era una niña, pero ahora, era una mujer hermosa, a la que se le
estaba haciendo tarde, así que tome mi bata y fui a peinarme al cuarto; mi
obscuro cabello lucia bien con bucles y ese broche color plata hacia resaltar
mis ojos, ya casi eran las 7:30 y aun no me ponía el vestido; tome el perfume
caro de mi hermana, ese que tanto me gustaba, y que sabia que se molestaría al
saber que lo había tomado, pero no importaba, lo valía; elegí el par de zapatillas
más hermosas que tenia y fui a terminar de retocar mi maquillaje, acababa de
terminar cuando escuche la puerta, no puedo creerlo ¡es él!, rayos creo que mi
corazón se saldrá; me acerque a la puerta nerviosa, intentando normalizar mi
respiración, note mis manos frías por los mismos nervios, acomode por ultima
vez mi cabello y abrí la puerta con la mirada hacia abajo, deslice mi rostro
lentamente y ahí estaba aquel hombre uniformado, asombrado por mi vestido, y entonces
mis nervios se transformaron en interrogación, pues aquel hombre no era él, no
era a quien yo esperaba, ¿Qué era lo que deseaba?, pero no venia solo, ¿A caso
ellos me llevarían con él?, o ¿Eran sus amigos que deseaban conocerme?, ninguna
era correcta, los pensamientos me invadieron pero intentaba prestar atención cuando
dijo…
-…Lo sentimos mucho… Hubo un
ataque hoy como a las 11… él murió… lo lamento…
Eso fue lo último que
escuche, aunque sé que seguía hablando, empecé a sentir la lluvia rodando por
mis mejillas, pero no había empezado a llover aunque ya lo habían pronosticado,
ya no me sostuve y solo caí, como si me fuese vuelto de tela, los soldados me
llevaron adentro y creo recordar ofrecer su ayuda, pero era tare, ya no podían hacer
nada.
…
En su funeral no se si fue
mejor o peor; conocí a su familia y ellos a mí, aunque antes ya había escuchado
anécdotas de ellos fueron muy amables y lindos con migo, me decían que él no había dejado de hablar de mí
nunca y de aquella cita y que en ella me daría un obsequio, con el cual se
había quedado su hermano, con sus ojos llorosos se acercó a mí, me miro y dijo:
“él hubiese querido que te lo quedaras”. Era una pequeña cajita obscura, no podía
creerlo y al abrirla mis ojos no dejaron de llorar de nuevo, ¡era una anillo!, ¡él
me pediría que me casara con él!, si tan solo hubiese pasado de otra forma, ¡él
estaría aquí!
– ¡Él pudo estar aquí!
Creo que hice llorar a
muchos, no debí de haberlo gritado; y la verdad es que nunca lo conocí
totalmente, ni tuve una cita con él aparte de aquel café, pero de todos los
hombres que eh conocido fue del que realmente me enamore, o más bien el que me
enamoro.
Y aunque
no pudo decírmelo, yo… me hubiese casado con él.
END