Y después de todo sigues provocandome algo...
La obscuridad de la noche era opacada por la hermosa luna llena, a pesar de las nubes aquellos dos faroles, uno a cada lado hacían quedar aquel paisaje como un cuadro casi perfecto. Iba con la mirada perdida contemplando el frió pavimento después de un arduo día; se encontraba en pésimo estado lleno de baches y alguno que otro papel, sentía las pequeñas piedras en mis sandalias, me sentía cansada de tanto caminar, solo deseaba llegar a casa, pero por alguna razón mi cuerpo se negaba, hacia todo lo opuesto como si disfrutara aquel cansancio, creo que me volví masoquista, pero entonces excluyéndome de todo pensamiento, una fría gota toco mi brazo derecho, sabia que empezaría a llover y aun faltaban unas cuantas cuadras para llegar a casa; enfoque mis cansados pies y les ordene apresurarse, sin darme cuenta de lo que pasaría entonces... iba tan absorta en el pensamiento de no pescar un resfriado que no note su presencia hasta que no sentír su frió abrigo de cuero en mis ya congelados brazos, mi cabeza fue lenta, después un congelado susurro de un lo siento y lentamente subí mi vista hasta toparme con aquellos hermosos y familiares ojos... no pude reaccionar, no me dejaban y ambos dejamos al silencio hablar... solo se sentía aquel viento penetrante entre la piel, tan frió, en aquella noche vuelta tan obscura por aquellas impenetrables nubes desahogándose... el silencio no nos dejaba y mi estomago se volvió un tanto extraño al reconocerte, no podía dejar de verte, mis piernas flaquearon un instante y el mundo a mi alrededor se desvanecía lentamente, no lo entendía, ¿por que pasaba por aquella rara sensación? ¿que era? ¿que pasaba entre los dos?... mas silencio y mas lluvia; y aunque siempre había soñado con aquel momento tan romántico un beso bajo la lluvia... pronto lo entendí, si, ese de seguro hubiese sido mi momento favorito, pero no entonces; ya que aquel sentimiento indescifrable no era mas que mis nervios vueltos incomodidad por la situación y después de aquel gran descubrimiento supe también que no dirías nada, así que decidí hacer lo mismo, e irrevocablemente inclinada por esa decisión te di una ultima sonrisa y decidida a no mirar atrás aun sintiendo tu mirada sin palabras, decidí ir a casa donde me esperaba un agradable baño tibio con un rico chocolate caliente y una conmovedora lectura, satisfecha de saber que me dejaste ir, pero mas aun yo a ti y que lo que provocaste en mi no fue amargura, ni emoción si no el aprendizaje de todas las experiencias que a tu lado viví, culminadas con el fin de nuestra aventura, el saber que estuve allí y me aleje sin ganas de volver.